Por Eduardo Anguita/elargentino.com
Tras el crack financiero en Estados Unidos, UNASUR asoma como el único ámbito cuyo eje no está en Washington.
La crisis –no seamos ilusos– será descargada sobre las espaldas de la
periferia. La prensa mundial mostrará la caída del precio inmobiliario
o de la industria de la construcción, la recesión y, desde ya, los
vaivenes del mayor fracaso financiero del capitalismo. Pero el Sur, no
sólo el geográfico sino el simbólico, tendrá poca visibilidad en los
grandes medios mundiales a la hora de informar sobre cómo afecta a los
más vulnerables. Hay un sur –o un quinto mundo– que hoy lo vive en las
fronteras del Primer Mundo o en su interior. El nacionalismo xenófobo
de las naciones prósperas se acentuará a medida que la crisis aumente.
Un nacionalismo que se basa sólo en la criminalización de la exclusión
de indocumentados. Florecen sentimientos comparables con el fascismo
emergente en los ‘30 que justamente tuvieron como punto de partida la
recesión posterior a la crisis del 29 de Wall Street.
El tratamiento periodístico de prestigiosos medios europeos
considerados liberales y respetuosos de la diferencia ya linda con el
fascismo argumental. Como ejemplo vale el primer párrafo de un artículo
de El País de Madrid del viernes pasado, que naturaliza la asociación
entre el delito y el origen nacional: “En pocas semanas, los
delincuentes extranjeros serán perseguidos por una unidad policial
específica, habida cuenta de la alarma social que provocan determinados
delitos a manos de extranjeros, ya sean integrantes de bandas de
delincuencia organizada, terroristas o relacionados con la violencia de
género. Se tratará de la Brigada de Expulsiones de Delincuentes
Extranjeros, según anunció ayer en el Congreso el secretario de Estado
de Seguridad, Antonio Camacho”.
A tono con esto, en los últimos meses avanzó la decisión en España de
repatriar de modo compulsivo a los peruanos, ecuatorianos o guineanos
que tuvieron un status especial de ciudadanía en los años de
crecimiento ibérico destinado a ocuparlos en puestos de baja
remuneración, precisamente aquellos que los españoles nativos no
quieren tener. Del mismo modo está procediendo Francia, cuyo equipo de
fútbol está conformado mayoritariamente por jugadores norafricanos de
las ex colonias pero que vio crecer la tensión racial con
enfrentamientos abiertos. En los Estados Unidos, la recesión
–cualquiera sea su magnitud– tendrá como perdedores a las comunidades
de latinoamericanos y de afroamericanos. Queda como prueba de la
ferocidad de George Bush la determinación de hacer un muro en la
frontera mexicana. Su pasión por los muros tuvo una amarga derrota
porque la Calle del Muro neoyorquina sufre un derrumbe sin precedentes.
Pero poco se habla de que muchos inmigrantes del sur americano se
enrolaron en la aventura bélica de Irak sólo ante la promesa de darle
los papeles de residencia.
Las grandes corporaciones privadas que constituyen el soporte del
Consenso de Washington y la globalización atraviesan una tormenta. Sin
embargo, tienen el control del Grupo de los 7, del Banco Mundial y de
la Organización Mundial de Comercio, parte de los pilares en los que se
construyen los muros que separan a las naciones periféricas de las
centrales. Estos días quedó en descubierto que tanto el Tesoro
norteamericano como el Banco Central Europeo tienen un inmenso poder
que, en el primer caso más que el segundo, son una continuación de los
intereses de la gran banca privada. Las Naciones Unidas quedaron
reducidas a ser un auditorio. Salvo el Consejo de Seguridad, controlado
por los países poderosos, han perdido toda capacidad decisoria. Si la
Europa continental juega un rol tan importante en la escena
internacional es porque después de la Segunda Guerra consolidaron un
poderoso bloque regional.
Nació Unasur. A fines de mayo de este año, en Brasilia, nació la
Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Los jefes de Estado de la
Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay,
Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela dieron un paso que procura la unión
del Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones con el agregado de
Chile, Guyana y Surinam. En esa oportunidad, Evo Morales, en su
condición de presidente pro tempore del ente proyectado dijo: “En
Cochabamba (2006) pusimos la piedra fundamental para la integración de
nuestros pueblos, ahora en Brasilia 2008 con el Tratado Constitutivo,
estamos levantando los cimientos de la Unasur, y los presidentes nos
convertimos en obreros y albañiles para construir la unidad
sudamerican”. De inmediato, la mandataria chilena Michelle Bachelet
asumía la titularidad del organismo y sostuvo: “Queremos demostrar que
América latina es capaz de hablar con una voz firme y fuerte y de
construir una integración eficaz”. Quienes recuerdan el histórico
encono entre Chile y Bolivia por la salida al mar de este último,
tendrán presente que las relaciones entre esas dos naciones siempre fue
fría, salvo la cooperación entre dictadores durante el período del Plan
Cóndor, coordinado por políticas del Pentágono y la CIA.
En el encuentro de Brasilia, se vio una vez más la cálida relación que
une a Morales con Bachelet. En ese momento, nadie sabía que un grupo
fascista alentado por el alcalde de Pando y escudado en agentes
norteamericanos iban a protagonizar una matanza como del 11 de
septiembre pasado. Este miércoles pasado, Bachelet encabezó la reunión
de Unasur en Nueva York. La chilena, sorprendida por el tamaño del
salón que los funcionarios de Naciones Unidas habían otorgado para el
encuentro, soltó a los mandatarios asistentes: “Bueno, esta sala es tan
grande como deberá ser nuestro Unasur”. Pero no sólo fueron gestos:
reclamaron una acción de Naciones Unidas para investigar los hechos de
Pando que, de inmediato, fue avalada por el secretario general del
organismo, Ban Ki-moon, y que logró la adhesión de la Comunidad
Europea. Pero hay un detalle importante: la Organización de Estados
Americanos quiso ser protagonista de este reclamo de los presidentes
sudamericanos y su secretario general –el también chileno José Miguel
Insulza– recibió el hielo de los presidentes. Unasur asoma como un
verdadero ámbito, el único, cuyo eje no está en Washington. No sólo
mira al Sur sino que tiene proyectadas sus oficinas centrales en Quito,
Ecuador.
El factor Kirchner. Brasil, Venezuela y Chile juegan un rol muy importante en la alianza regional. Pero Argentina no le va en zaga. Néstor Kirchner fue propuesto por el ecuatoriano Rafael Correa para asumir el rol de secretario ejecutivo de Unasur. Los mandatarios de Chile, Brasil, Venezuela, Perú (el presidente Alan García dijo: “Fuimos liberados por un argentino, más allá de las diferencias, nos sentiríamos representados por otro argentino en esta iniciativa regional”) y Bolivia están de acuerdo. La única oposición es la del uruguayo Tabaré Vázquez. Habría acuerdo también en que si Kirchner es designado para el cargo, las oficinas de Unasur se mudarían de Quito, como está proyectado, a Buenos Aires. En los próximos días, y en sintonía con la idea de fortalecer a los partidos populares de la región, en Buenos Aires se darán cita líderes del socialismo chileno con dirigentes del Frente Amplio uruguayo encabezados por el senador José (Pepe) Mujica y del Partido Trabalhista brasilero con presencia de Marco Aurelio García, figura destacada en el armado político regional ya que, durante sus años de dictadura en Brasil, participó de las luchas clandestinas en Chile y tuvo relación con las organizaciones y partidos que pelearon contra las dictaduras en otras naciones de esta región. Del lado argentino estarán algunos de los cuadros del kirchnerismo que más empeño tienen en ver florecer una diplomacia, activa y no de salón, que pueda enarbolar las necesidades y reivindicaciones regionales.

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